ADICTOS
Nos miramos sin pensar en nada,
dos tontos sonrientes se comunicaban a través de gestos,
en aquel balcón pasaron varias lunas antes de sentir sus pieles,
sin pronunciarse, un menguante beso lentamente lo desnudó todo.
La tártrica tentación de ser voluntariamente presidiarios del amor
fue expulsada por sus ojos... un veneno del bueno,
que mataba poco a poco cualquier perjuicio,
mientras te relajaba en el abanico de su pecho
que despertaba la pecaminosa oferta de ser una persona mas sutil.
Su arma mas letal... su sonrisa, transformo mi orgullo en placer,
y mientras todo pasaba en sus hombros,
en como no perderme en ese amor tan completamente adictivo,
porque es mas razonable amarla que dejarla.

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