NUESTRO PECADO.

Siempre estará ese cadáver presente,
nunca se ira de nuestras mentes al recordarnos,
fue una total felicidad acabar con él.
aquella muerte nos ha hecho eternos,
nadie volverá a desmembrar nuestros cuerpos de tal forma
como lo ha hecho el espacio donde aprendimos ha amarnos.

Que sentimiento tan extraño fue aquel,
lo llevamos en el paladar,
hasta el punto de saborearlo todo.

Se resecaron los perjuicios
y nos comimos las sobras de todo,
el sudor se confesó a rasguños.

Las huellas quedaron guardadas en ese dolor tan instintivo.

De su oscuro cuello caímos en la madrugada
y estrangulamos todas las pistas por completo,
sentimos esa maravillosa satisfacción
de amanecer junto a su inexplicable forma,
ante su moribunda desnudes donde fue
castigado el libido, nuestra caja de razones.

Fue ese natural momento que nos hizo llamar “héroes”,
que nos hizo evaporar toda razón
y sucumbir ante esa tierna y pecaminosa
manera de arrancarnos el amanecer de los poros,
la sensatez fue castigada como nunca
y su muerte nos provoco intercambiar almas.

Jugar con el vicio de esa hiperactiva tentación
que hacia tiempo le robaba a nuestras mentes
las noches y los días.

Solos en nuestro pecado,
en nuestro único he intimo secreto
que obedece ante la única ley de destruir las normas
y las prohibiciones de ser lobos nocturnos,
de serlo todo, lo que siempre hemos sido...         primitivamente amantes.

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